Como primer reto del curso sobre Fundamentos sobre la Igualdad de Trato y la No Discriminación nos piden que realicemos una reflexión sobre un ejemplo de discriminación.
He decidido compartir con vosotros una experiencia que me ocurrió en primera persona y que pienso que puede ser un buen ejemplo de discriminación directa oculta, que como hemos visto en el material facilitado para el curso es cuando una persona es tratada de manera menos favorable que otra en una situación análoga, por razón de su sexo, su origen étnico o racial, discapacidad, edad, orientación sexual, etc., pero además el sujeto no manifiesta expresa y abiertamente que la razón que motiva la diferencia de trato es la adscripción a la categoría social objeto de discriminación, en este caso, ser mujer.
La situación que viví fue hace unos años en mi anterior empleo. Ese día tenía una reunión con un cliente y acudimos a la misma mi compañero de trabajo y yo. Pese a tener el mismo cargo los dos, el cliente se dirigía siempre a mi compañero tratando los temas de la reunión con él, a pesar de que a la mayoría de preguntas que planteaba era yo la que respondía, puesto que era yo la que había estado llevando personalmente el proyecto, y por ello, la que más información le podía facilitar y mejor podía responder a sus cuestiones. No fue hasta bien avanzada la reunión cuando el cliente se percataría de que yo, la mujer de la reunión, era la que tenía más conocimientos sobre el tema que se estaba tratando y finalmente empezó a dirigirse también hacia mí.
No sé si esa persona lo haría de
forma consciente, pero la verdad que la sensación que dejó en mí no fue nada
agradable. Me sentí menospreciada, infravalorada, teniendo que demostrar con
más esfuerzo que mi compañero que yo también tenía conocimientos en la materia
que se estaba tratando, en una palabra, discriminada.
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